Envejecimiento e inequidades sociosanitarias

Lunes 3 Octubre - 2022 | Categoría Noticias

02 de octubre: Día Internacional de las Personas Mayores

Por Mario Ociel Moya, Profesor Adjunto, Unidad de Nutrición Pública. INTA, Universidad de Chile

Ian Hacking llama La domesticación del azar, ese proceso mediante el cual, a partir de finales del XVIII, poco a poco el determinismo de las “leyes universales” fue desvaneciéndose en beneficio de las “leyes estadísticas de la sociedad”, que supuestamente dan cuenta de las regularidades, y a la vez, de la variabilidad de los fenómenos considerados naturales. Se descubre entonces que la duración media de la vida depende de las circunstancias sociales. (Fassin, 2022:24-25)

La vejez, que es el tema de estas reflexiones, se encuentra en la intersección de ambas dimensiones descritas en el epígrafe: es un fenómeno biológico y natural, como también, un hecho social. Pero ¿cuál es la importancia de hablar de envejecimiento y vejez? Es amplia la literatura que sostiene que el envejecimiento de la población es un proceso a nivel mundial irreversible, producto de la disminución de la fecundidad y mortalidad (Palloni, 2002), los cuales son eventos atribuibles al desarrollo socioeconómico y del sector sanitario (MINSAL, 2014). En este contexto, la pregunta que nos desafía como Estado -y específicamente como sector sanitario- es ¿qué tan saludables son estos años de longevidad logrados? Y para responderla se debe poner sobre la mesa información que permita orientarnos en cuanto a la situación de heterogeneidad social y económica de la vejez en nuestro país.

En la Región de las Américas, Chile es el segundo país más longevo después de Canadá. De acuerdo con la OMS en el período 2015 a 2050, las personas mayores en Chile pasarán de representar el 15% de la población al 32% (CEPAL, 2020). En cuanto al número absoluto de personas de 60 y más años, éstas han aumentado 6,8 veces entre el año 1950 y el año 2017 alcanzando en Chile los 2.003.256, de acuerdo con el CENSO 2017, lo cual representa un 11,4% de la población total, siendo las regiones más envejecidas Valparaíso y Ñuble con más de 13% de personas mayores (MINSAL, 2014). Un 85% de las personas mayores reside en áreas urbanas, un 9,2% se reconoce como perteneciente a un pueblo originario, 1,6% es migrante, 36,7% declara participar en una organización social como juntas de vecinos, organizaciones religiosas y agrupaciones de personas mayores (Observatorio Social, 2017). Por otra parte, el 4,0% del total de personas bajo situación de pobreza por ingresos son mayores de 65 años, y el 19,6% de las personas en situación de pobreza multidimensional son personas mayores de 65 años (Observatorio Social, 2017). El 48% de las personas entre 55 y 74 años está trabajando (Herrera, 2018), el 84,5% está afiliado a FONASA, el 7,2% a ISAPRE, y un 0,9% no tiene seguro de salud (Observatorio Social, 2017). Asimismo, el estudio de carga global de enfermedad señala que, para los mayores de 70 años en Chile, las principales causas de pérdida de salud son los desórdenes musculoesqueléticos, sensoriales, enfermedades cardiovasculares, diabetes y enfermedades neurológicas.

En cuanto al proceso de envejecimiento, a medida que una persona envejece se producen múltiples cambios a nivel celular y fisiológico, lo cual aumenta el riesgo de enfermedades y disminuye su capacidad funcional, por lo que preservarla se presenta como uno de los principales desafíos en un país que envejece. Este proceso es de duración variable y más o menos saludable entre los individuos, ya que se establece como resultante de características individuales intrínsecas y el entorno en que viven las personas (WHO, 2007). La falta de capacidad funcional se operacionaliza mediante el concepto de limitación funcional, la cual ocurre a nivel del organismo y es entendida como la restricción o falta de habilidad para realizar una acción o actividad de la manera o dentro del rango considerado como normal, que ocurre como resultado de una deficiencia (Reuben, 1992; Verbrugge, 1994). Las limitaciones funcionales componen además los modelos que explican la generación de la discapacidad (Simonsick, 2001) y dependencia, ya que se considera son la transición hacia este estado. Según la CASEN 2017, el 14,2% de los mayores de 60 años presenta algún grado de dependencia funcional y las probabilidades de ser dependiente en términos funcionales aumentan a casi un 40% en las personas mayores de 80 años con algún grado de dependencia (MINSAL, 2022). 

En este contexto, la población de personas mayores se entiende como prioritaria, desde la perspectiva del sistema de seguridad social del Estado, y en base a las necesidades diferenciadas de salud. Para ello, y en términos de normativa, es destacable señalar que, en el año 2012, el Estado chileno, en un intento por integrar en el abordaje del envejecimiento una lectura multidisciplinaria, propone una Política Integral de Envejecimiento Positivo 2012-2025, cuyo propósito es la protección de la salud funcional de las personas (enfocado en todo el ciclo vital), disminuir los niveles de dependencia y un fuerte énfasis en las lógicas y prácticas del autocuidado. Asimismo, esta política busca promover mecanismos de participación e integración social, cultural y económica desde una perspectiva de sujetos de derecho, con el propósito de “[…] proteger la salud funcional de las personas mayores, mejorar su integración en los distintos ámbitos de la sociedad e incrementar sus niveles de bienestar subjetivo” (SENAMA, 2012:8). Sin embargo, el bienestar subjetivo, la calidad de vida, se ve afectada por aspectos estructurales de la organización de la sociedad, por ejemplo, nivel de ingresos, años de escolaridad, accesibilidad a servicios, productos, y a la posibilidad de moverse en el entorno físico. Se ha mostrado que parte de estas dimensiones tienen un efecto en las tasas de mortalidad de la población de Santiago de Chile, puesto que se ha identificado que la segregación socioeconómica y territorial se relacionan de manera negativa con la mortalidad de las personas (Sánchez, 2004), lo cual requiere conjugar aquellos aspectos propios de la investigación en salud y los aportes de otras disciplinas en el estudio de las prácticas sociales de la población envejecida en el habitar urbano rural.

En este sentido, algunos elementos de la salud pública, como aquella ocupada de la disminución de la brechas e inequidades en salud de la población, aparecen como una oportunidad para el sector sanitario en la medida que ésta apunta, desde su vocación, a implementarse desde una lógica que busca ser integradora y que se dirige a incluir a las personas mayores a los procesos sociales, como un grupo social que construye y genera desarrollo. Sin embargo, se debe tener en cuenta que las diferencias de los escenarios, contexto y condiciones de vida de los adultos mayores requieren de formulación de estrategias diferenciadas, desde el supuesto que las realidades compartidas pueden ser profundamente divergentes e inequitativas en un contexto segregado y desigual. En este sentido, emerge la importancia de la adaptación de las políticas a ejes transversales orientadores que garanticen la equidad en una ciudad fragmentada por las condiciones socioeconómicas. 

Referencias

CEPAL. (2020). Perspectivas de la población mundial 2019: metodología de las Naciones Unidas para las estimaciones y proyecciones de población. 

Fassin, D. (2022). ¿Cuánto vale una vida? O cómo pensar la dignidad humana en un mundo desigual. Argentina: Siglo XXI Editores.

Herrera, M.S. (2018). Trabajo y personas mayores en Chile: lineamientos para una política de inclusión laboral. Estudio nacional en personas entre 55 y 74 años Instituto de Sociología UC.

MINSAL. (2014). Programa nacional de salud de las Personas Adultas Mayores. 

MINSAL. 2022. Estrategia Nacional de Salud 2022-2030. https://www.minsal.cl/wp-content/uploads/2022/03/Estrategia-Nacional-de-Salud-2022-MINSAL-V8.pdf 

Observatorio Social. (2017). Casen 2017. Ministerio de Desarrollo Social y Familia, Chile.

Palloni A, Pinto-Aguirre G, Peláez M. (2002). Demographic and health conditions of ageing in Latin America and the Caribbean. Int J Epidemiol. 31(4):762–71. 

Reuben DB, Rubenstein L V, Hirsch SH, Hayes RD. (1992) Value of functional status as a predictor or mortality: results of a prospective study . Am J Med. 93:663–9. 

Sánchez H, Albala C. 2004. Desigualdades en salud: adulto en comunas del Gran Santiago. Rev Med Chil. 132(4):453–60. 

SENAMA. 2012. Política integral de envejecimiento positivo para Chile 2012 – 2025. 

Simonsick EM, Kasper JD, Guralnik JM, Bandeen-Roche K, Ferrucci L, Hirsch R, et al. 2001. Severity of upper and lower extremity functional limitation: scale development and validation with self-report and performance-based measures of physical function. Journals Gerontol Ser B Psychol Sci Soc Sci [Internet]. 56(1): S10–9 

Verbrugge LM, Jette AM. (1994). The disablement process. Soc Sci Med. 38(1):1–14. 

WHO. 2007. International Classification of Functioning, Disability, and Health: Children & Youth Version: ICF-CY. World Health Organization.

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