Fijar criterios en límites para nutrientes críticos para implementar Ley de Composición de Alimentos y su Publicidad.

La segunda Encuesta Nacional de Salud realizada los años 2009 y  2010 reveló que las enfermedades no transmisibles relacionadas con una inadecuada alimentación constituyen los principales problemas de salud pública en nuestro país, con dos de cada tres chilenos en riesgo de sufrir graves consecuencias a propósito de su sobrepeso/obesidad, hipertensión, problemas cardiovasculares y complicaciones derivadas de alimentarse mal. Declarado el problema en general, veamos algunas cifras. La segunda Encuesta Nacional se realizó en una muestra representativa de la población de 15 y más años. Mostró que el 66,7% de la población presenta sobrepeso u obesidad, el 26,9% hipertensión arterial, el 38,5% colesterol elevado, el 40% de la población consume tabaco, el 9,4% diabetes y dos de cada 10 de estas últimas personas no se trata a nivel médico. 

Estas cifras dejan en claro que, de no hacer pronto cambios significativos, seremos un país de enfermos antes que desarrollado. El INTA, siguiendo su misión de contribuir a las políticas públicas,  tomó el desafío y ha firmado un convenio con el Ministerio de Salud que lo compromete a proponer criterios y una recomendación de límites máximos de nutrientes críticos para la implementación de la Ley de Composición de Alimentos y su Publicidad. 

Desde hace más de 10 años ha habido acciones gubernamentales que procuran ayudar al consumidor en la selección de alimentos saludables. Las guías alimentarias iniciales se revisaron el año 2005 y el etiquetado nutricional de los alimentos es obligatorio para los productos envasados desde el año 2006. Aunque se esperaba que estas iniciativas indujeran cambios en la población, la evidencia muestra que estos están lejos de ser suficientes. Esto, porque el problema es muy complejo y hay numerosos frentes que abordar. 

Un primer elemento está dado por el hecho que hoy en día alimentarse ha dejado de ser un fenómeno primario y simple. No podemos comer de manera intuitiva. La vida moderna, el estrés cotidiano, la falta de tiempo, todo ello ha llevado a cambios sustanciales de hábitos familiares e individuales en el comer, cambios que nos han llevado a comer mal y, como consecuencia, aumentar de peso y enfermar. 
En segundo lugar existe un fenómeno curioso: cuando se le pregunta sobre nutrición, una parte significativa de la población responde correctamente, lo que no se traduce en conductas más adecuadas y saludables al momento de comer. Queda claro, entonces,  que algo ha fallado en la forma que se ha intentado educar para inducir los cambios de conducta necesarios.

En tercer lugar, los consumidores no entienden  la información nutricional de las etiquetas en su presentación actual. En esta área, la nueva Ley de Alimentos y su Publicidad busca orientar mejor la conducta del consumidor, aportándole información más clara sobre los llamados nutrientes críticos, sodio (sal), grasas y azúcares contenidos en los alimentos que se consumen. 
Qué se puede hacer para solucionar el problema.  El camino de la educación es un camino largo pero seguro y debemos promoverlo en todo momento, sabiendo que se necesitan además, otro tipo de acciones adicionales que ayuden a obtener resultados a más corto plazo.

Aunque la vía de la prohibición es siempre una mala idea, en este caso pensamos que la magnitud del problema obliga a aceptar que el tema se maneje mediante una política pública que restrinja la capacidad de las personas para hacerse daño.  Es por esto que en el INTA estamos trabajando en el estudio de lo que ha sucedido en otros países en el mundo, los criterios que se han aplicado, los resultados exitosos y los fracasos que se conocen. Las experiencias de otros países constituyen una base útil para definir los rangos, límites y tamaños de porciones que necesitamos establecer para nuestro país. 

Al ser un tema complejo que atañe a la sociedad en su conjunto,  creemos que es indispensable generar instancias que favorezcan la interacción entre los distintos actores involucrados: expertos, industriales y organizaciones de consumidores, entre otros.  Por esto hemos invitado a representantes de todos estos grupos a mesas de discusión sobre el etiquetado, recomendaciones y  límites para nutrientes críticos. El objetivo es ambicioso. 

Los expertos deben adecuar y traducir los conocimientos actuales a cifras que puedan definirlos límites  que, a la vez sean los más razonables para nuestra realidad e idiosincrasia. La industria, por su parte, debe revisar y adecuar las formulaciones de todas sus líneas de productos a versiones más saludables; al mismo tiempo, puede contribuir de manera significativa a cambiar las conductas de la población hacia hábitos más saludables poniendo a disposición de estos objetivos parte de los fondos que destina a campañas de comunicación y publicidad. Su capacidad de influir en las costumbres de la población es muy grande, y si adopta como objetivo la publicidad de productos saludables el impacto sería enorme. Por otra parte, los consumidores tienen un rol fundamental, ya que deben permitir que se les ayude a cambiar sus conductas poco saludables. 

Esto es difícil. El gusto por lo salado y por lo dulce son gustos adquiridos: mientras más azúcar o más sal le agregamos a nuestra comida, mayor cantidad de azúcar y sal tendremos que ponerle a lo largo del tiempo para sentir el mismo gusto de dulce y de salado. Si nos quitan, por ejemplo, el 50% del azúcar o de la sal que tienen los productos que comemos habitualmente, sentiremos que no tienen sabor, que son sosos e insípidos y rehusaremos comerlos. Si se  trata de un producto elaborado, no hecho en casa, por supuesto no lo compraremos.  Por lo tanto, el consumidor debe estar consciente de que es necesario hacer los cambios y prestarse para que gradualmente le vayan disminuyendo tanto la sal como el azúcar de los productos de consumo habitual. Esta gradualidad es conveniente, además, para que la industria pueda adecuar la tecnologías necesarias para implementar los cambios que se requiere hacer. Hay muchos alimentos en los que la disminución del contenido de sal o de azúcar está limitada por las características propias del producto.
El problema es difícil de solucionar y se requiere de la voluntad de todos los involucrados para lograr éxito. Los invitamos a sumarse a nuestra misión. Trabajando juntos lograremos ser más sanos y saludables.


Magdalena Araya
Directora INTA

9 de agosto de 2011

Tipo: 
Opinión
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