• Hoy, en el día de la obesidad, el doctor y ex director del INTA reflexiona sobre esta enfermedad como consecuencia de la inequidad social.

Este 12 de noviembre, el mundo conmemora el día de la obesidad, como una forma de tomar conciencia sobre la gravedad de esta enfermedad, considerada una pandemia a nivel global. El doctor Fernando Vio, experto en salud pública y presidente de la Corporación 5 al día, que promueve el consumo de frutas y verduras, analiza las consecuencias de la inequidad alimentaria en nuestro país:

-¿Por qué la alimentación puede ser un factor que incide en la desigualdad?

La alimentación es un componente fundamental en la vida de las personas, ya que determina la salud y calidad de vida de cada uno de nosotros. En la medida que tengamos tiempo para alimentarnos bien y el ingreso suficiente para comprar alimentos saludables, nuestra dieta será mejor. Si tenemos tiempo, vamos a poder comprar los alimentos con más calma, vamos a poder cocinar y especialmente vamos a disponer de tiempo y tranquilidad para comer en una mesa con la familia compartiendo no solo los alimentos sino también las experiencias de la vida diaria.

Esto es lo que se ha ido perdiendo en las últimas tres décadas. Desde el crecimiento económico de la década del 90 nos hemos visto obligados a permanecer más tiempo en nuestro trabajo (aproximadamente 10 horas al día promedio en la Región Metropolitana), más las tres a cuatro horas de traslado, no queda tiempo para recrearse, descansar, hacer actividad física y menos aún para cocinar o poder comer en familia.

Es así como nuestro desayuno es rápido y escaso para salir a trabajar, el almuerzo es en el lugar de trabajo y en la tarde se va tomando “once”, es decir pan con agregados de muy mala calidad nutritiva como derivados del cerdo, azúcares e hidratos de carbono, en la medida en que se va llegando a la casa, sin que exista la comida de un plato saludable en familia.

En resumen, la inequidad se produce porque a menor ingreso se dispone de menos tiempo y posibilidades de escoger y comprar alimentos saludables, de poder cocinar y tener tiempo para comer en familia, como sí lo hacen los sectores de mejores recursos.

-¿Cuáles son las consecuencias de las inequidad alimentaria?

La consecuencia directa es que la obesidad es el doble en los niveles socioeconómico bajos que en los de nivel alto y la obesidad también es mayor en la mujer que en el hombre, lo que origina una doble inequidad: por nivel socioeconómico y por género. Esto significa que en los niveles socioeconómico bajos y en las mujeres van a existir mayor cantidad de problemas de salud derivados de la obesidad, como es el caso de la diabetes en que el 20% de la población de nivel socioeconómico bajo (una de cada 5 personas) tiene diabetes, en cambio en el nivel alto es solo de un 6% (una cada 20 personas).

Lo mismo sucede con la hipertensión arterial que es muchísimo mayor en los adultos y adultos mayores y especialmente en las mujeres de nivel socioeconómico bajo que en alto y con las otras enfermedades relacionadas con la obesidad, como el cáncer, artrosis y otros problemas osteoarticulares y los problemas de salud mental.

-¿Cómo podríamos superar esta brecha?

La brecha se supera mejorando la calidad de vida de los sectores de menores ingresos con jornadas más cortas de trabajo, mejor transporte y especialmente mejor educación para que aprendamos a cocinar, y especialmente a comprar y alimentarnos con comida saludable por sobre la no saludable. Chile es el segundo consumidor de pan en el mundo y es el alimentos preferido por los sectores más pobres, especialmente para consumirlo en la “once”. Un kilo de pan vale aproximadamente $1200 y un kilo de fruta, tomates o papas vale alrededor de $600 o $700 en una feria libre, con fluctuaciones de precio que dependen de la temporada, sequías y otros eventos. Es decir, por un kilo de pan se pueden comprar hasta dos kilos de fruta y las personas prefieren comprar pan. Chile es el principal consumidor de bebidas y jugos azucarados del mundo, superando a México y Estados Unidos. Una bebida gaseosa pequeña vale igual que un kilo de frutas y con una bebida gaseosa grande se pueden consumir hasta dos kilos de fruta. Lo mismo sucede con el helado envasado, donde somos los principales consumidores de América Latina. Con el valor de un kilo de helados se podrían comprar hasta cuatro kilos de fruta. Por lo tanto, debemos educarnos en el consumo de frutas y verduras, legumbre, lácteos sin grasa, pescado, carnes magras y otros productos saludables que muchas veces no son más caros y cuestan menos que los alimentos procesados, bebidas gaseosas, helados y pan que tanto nos gusta consumir en Chile.

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