Premio Nacional de Medicina a Fernando Mönckeberg, un homenaje más que merecido

Los méritos del distinguido este año con el Premio Nacional de Medicina, Fernando Mönckeberg, no sólo son dignos de tal alto honor sino que invitan a preguntarse porqué este reconocimiento no ocurrió antes.

Fernando Mönckeberg Barros, Premio Nacional de Medicina 2012 estudió en la Universidad Católica de Chile y se graduó de médico en 1952 recibiendo su titulo, a la usanza de la época, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile.  Se destacó desde temprano entre sus pares siendo nombrado Director del Laboratorio de Investigaciones Pediátricas de la Universidad de Chile en 1954.  Sus contribuciones científicas le hicieron merecedor de reconocimiento nacional e internacional, recibiendo en el año 1958 una beca de la Fundación Guggenheim para efectuar investigaciones en inmunología con los Profesores Charles Janeway y David Gitlin en el Hospital de Niños de Boston, Universidad de Harvard, donde permaneció hasta el año 1960. 

Luego de su retorno al país, en 1966 es nombrado por la Universidad de Chile Profesor de Pediatría y luego Profesor de Nutrición en 1967. Durante el período de la reforma universitaria en los años 70, el Dr.  Mönckeberg  gestó la idea y tomó la iniciativa de integrar dos grupos de la sede sur de la Universidad de Chile (Nutrición- Alimentos y  Bioquímica) dando origen en 1976 al Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos, INTA, transformándolo en el principal referente de Nutrición y Alimentación del país. 

En el año 1975, crea la Corporación para la Nutrición Infantil, CONIN, fundación privada sin fines de lucro, con el objetivo principal de recuperar a todos los niños desnutridos graves del país. Gracias a su motivación a la comunidad, esta Corporación logró construir, habilitar y poner en marcha 33 centros capacitados para hospitalizar y tratar aproximadamente a 50 lactantes en cada uno, totalizando mil 700 camas de lactantes a lo largo del país. Hasta el año 2001, la Corporación había tratado y recuperado a más de cien mil niños desnutridos, previniendo sus daños y recaídas. Esto influyó directamente en el notable descenso de la mortalidad infantil, observada entre 1970 y  2000. En la actualidad, habiéndose erradicado la desnutrición como problema de salud pública en el país, CONIN se ha orientado hacia el diagnóstico y tratamiento de lactantes con distintos tipos de enfermedades genéticas y metabólicas que necesitan de exámenes especializados y tratamientos específicos, y niños con alta vulnerabilidad social. La  contribución a la salud de los niños chilenos y de las Américas le fue reconocida internacionalmente durante la década de los 70s, recibiendo el Premio Abraham Horwitz por liderazgo científico con impacto en la salud publica de la población de las Américas, en 1979. 

El INTA, liderado por Fernando Mönckeberg entre 1973 y 1994, se constituye rápidamente en el principal centro de investigación básica de nutrición y ciencias afines, líder en el área de la diarrea y la desnutrición infantil, endocrinología, anemias y micronutrientes, y  nutrición clínica, con énfasis en las enfermedades crónicas y el envejecimiento saludable. Se incorporan factores condicionantes de la alimentación saludable, como son la oferta, el consumo y la utilización biológica de los alimentos. La investigación del INTA se amplía a los problemas de salud que requieren de políticas públicas y educación, al estudio y manejo de las enfermedades metabólicas y genéticas, envejecimiento saludable, y se da un fuerte impulso a la biología molecular y celular. Crece en su desarrollo el área de la biotecnología de alimentos, que persigue un mejor uso de los recursos agropecuarios en la alimentación humana y animal. En el año 1994, el Dr. Mönckeberg, luego de completar más de 20 exitosos años como director del INTA, es nombrado Profesor Emérito de la Universidad de Chile  por el Rector Jaime Lavados. 

Con los cambios en el perfil de salud del país, el INTA del nuevo milenio toma un rol relevante a nivel nacional, regional e internacional en el tema de la alimentación saludable, con un enfoque del ciclo vital (desde antes de la concepción hasta la vejez), continuando con la labor de su fundador y expandiendo las lecciones aprendidas en Chile a otros países de la región de América Latina y el Caribe. En el área de alimentos, la preocupación va desde las prácticas agrícolas y pecuarias conducentes a alimentos saludables, hasta la vigilancia de la cadena alimentaria que termina cotidianamente en el plato que llega a la mesa de los chilenos. 

Los problemas han cambiado. De la desnutrición de antaño se pasa a los problemas del mundo actual, como son la obesidad, las enfermedades del corazón, diabetes y cáncer. El compromiso del INTA con Chile y las necesidades de su pueblo continúa inalterado y más vigente que nunca.  

El INTA de la Universidad de Chile contribuye, hoy igual que ayer, a la formación de recursos humanos, a nivel nacional e internacional, en Nutrición y Salud, Políticas y Programas de Alimentación y Nutrición (en español e inglés) efectuados con el patrocinio del gobierno chileno y de organismos internacionales como la OPS/OMS, FAO, UNICEF, OEA, la Universidad de las Naciones Unidas, UNU, y con colaboración de centros similares de otros países (INCAP, Emory, Universidad de Londres). Al mismo tiempo, en conjunto con otros equipos de la Universidad de Chile sirve como centro de acopio de datos sobre alimentos Latinfoods UNU-FAO. El INTA colabora con los Ministerios de Salud, Agricultura, Educación, organismos del Estado como la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (JUNAEB), la Junta Nacional de Jardines Infantiles (JUNJI), Integra y, a nivel internacional, con los organismos internacionales relevantes en el campo de nutrición y alimentación saludable IUNS, UNU, OPS y FAO, entre otros.
Esta historia de la nutrición del país, en la que Fernando Mönckeberg ha tenido un rol significativo, es lo que algunos han llamado “el caso chileno”. Y el fenómeno merece un análisis más profundo, ya que puede constituir la evidencia de que es posible mejorar la salud y la nutrición, aún en ausencia de progreso sustancial en el plano económico. Esta experiencia podría ser importante para países que se encuentran en situación de pobreza crítica y que presentan altas tasas de desempleo y crecimiento poblacional. La experiencia chilena ha demostrado ser exitosa a nivel nacional y ha colocado a Chile en un lugar privilegiado en América Latina y el mundo, con un alto nivel de salud, baja prevalencia de desnutrición y baja tasa de mortalidad infantil. Los indicadores de desarrollo humano y social son muy superiores a lo esperable en un país con el ingreso económico de Chile. 
El progreso social del país, tanto en áreas urbanas como rurales, ha tenido un impacto importante en la disminución de las tasas de mortalidad infantil y desnutrición, ya que ha facilitado el acceso poblacional a los servicios y recursos de salud, educación y nutrición. Paralelamente, ha habido una mezcla juiciosa de intervenciones que se potencian mutuamente, como es el caso de la ligazón entre los controles de salud y el Programa de Alimentación Complementaria.  
El armónico desarrollo de esta experiencia, es el resultado de un intenso análisis crítico de la situación en cada etapa del desarrollo histórico, el que ha sido posible gracias a la contribución profesional de especialistas en administración pública de salud, a la conciencia de la comunidad respecto de sus derechos de salud y la presión permanente que ejerce para lograrlos, y a la voluntad política de los diferentes Gobiernos para asignar la prioridad adecuada al desarrollo del sector social y atender las necesidades básicas de la comunidad, especialmente de las madres y los niños. La comunidad académica mantiene una permanente relación con las autoridades políticas y sectores gubernamentales, a cargo de implementar los programas nutricionales. La influencia del sector académico en los políticos que toman decisiones ha tenido un efecto decisivo en la estructura de los programas nutricionales y en su permanencia a través del tiempo. Los esfuerzos continuos para mejorarlos se originan, en alto porcentaje, en el trabajo de promoción y abogacía realizado por los grupos académicos. 
Hoy se rinde homenaje a Fernando Mönckeberg, un médico y ser humano de excelencia, que eligió como su compromiso principal a los niños de Chile y el mundo y que trabajó con toda su fuerza para lograr un tierra sin hambre donde los niños pudieran crecer y desarrollarse de acuerdo a su potencial, sin las graves restricciones impuestas por la desnutrición y la enfermedad. 

Dra. Madgalena Araya, Directora INTA. Profesor titular de la Universidad de Chile.
Dr. Fernando Vio, ex Director INTA. Profesor titular de la Universidad de Chile.
Dr. Ricardo Uauy, ex Director INTA. Profesor titular de la Universidad de Chile.

23 de abril de 2012

Tipo: 
Opinión
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